Rosa Maria Palacios: “A caminar derecho señor Chehade”

La semana pasada un informe de IDL Reporteros remeció al Gobierno. El vicepresidente Omar Chehade se reunió en el restaurante Las Brujas de Cachiche, en los primeros días de este mes, con los Generales PNP Arteta (responsable de Lima Norte), Salazar (responsable de Lima Sur y, pocos días después, Director General) y Gamarra (responsable de Tumbes). Acompañaron al Vicepresidente su hermano Miguel, administrador, y Miguel León Barandiarán, comunicador. De acuerdo al testimonio del General Arteta el pedido fue claro: planificar y ejecutar el desalojo de la azucarera Andahuasi y entregársela al grupo Wong, propietario en disputa por la administración.

Chehade aceptó que la reunión se realizó, pero negó su contenido de todas las formas posibles. Señaló que convocó a los generales en agradecimiento a Salazar, quien le proporcionó protección personal luego de la segunda vuelta, y para conversar sobre las medidas de seguridad a raíz de la muerte de Walter Oyarce, sobrino de la mejor amiga de su esposa. La presencia de Arteta, que no conocía a Chehade, fue, según el congresista, a sugerencia de Salazar para hablar de seguridad. Siempre según Chehade, Gamarra fue convocado por Salazar para hablar de aspectos de seguridad.

El problema es que la mentira tiene patas cortitas. Tan cortas que sospecho que Chehade no leyó el primer reportaje de Romina Mella con detalle. En él estaba la prueba plena de que Arteta no mentía. El día 7 de octubre, en la misma semana, los mismos personajes que acompañaron a Chehade al piqueíto criollo a puerta cerrada (aunque sea de vidrio), hacían antesala en el Potao a vista y paciencia de varios testigos llanos a corroborar la versión del General. Lo que antes era la palabra de un general contra la palabra del Vicepresidente se convertía en hechos versus palabras. Porque, ¿a santo de qué dos personas que según Chehade fueron a la comida de manera accidental (su hermano, porque conocía a Salazar, y el otro, ¡porque se los encontró en la puerta!) aparecen justo, justito, en la oficina del General Arteta, responsable de Lima Norte, y por tanto ejecutor de cualquier mandato judicial que requiera del apoyo de la fuerza pública en Andahuasi? A esas alturas, el cuento ya no cuadraba.

La versión de Chehade se desmontó en cuestión de horas. He ahí, tal vez, el mayor drama de este Vicepresidente. Está muy mal usar el cargo público para conseguir un servicio que tiene un trámite regular, pero peor está mentirle al Presidente de la República. Si Chehade hubiera reconocido que pidió un favor para un particular, explicando que el trámite regular se llevaría a cabo pero que tenía preocupación del costo social del mismo, otra sería su suerte. Lo peor que un político puede hacer, si quiere tener algún futuro, es mentir.

Papelón aparte, el del oficialismo durante las primeras horas. El pobre Presidente del Congreso, que acusó de “cantinflesca” la denuncia y resultó siendo él mismo más parecido al personaje que citó. Igualmente penosos fueron otros personajes que acusaron a la derecha, a la conspiración contra la reforma policial y demás excusas. ¿No es vergonzoso que la mujer de tu jefe te diga por dónde hay que caminar? ¡Derecho, pues!

La investigación fiscal y la congresal determinarán las precisas responsabilidades por los delitos cometidos y el papel de cada uno de los protagonistas, incluido el del Grupo Wong, al que Chehade niega conocer, pero que era el único beneficiario de la gestión que, a simple vista, no sería gratuita. Mal hacen estos empresarios en guardar silencio.

Finalmente, algunos han querido desviarse en las motivaciones del General Arteta. No sé cuáles son, porque no soy psicóloga y solo lo he visto una vez en mi vida. Pero la verdad es que no interesan. En primer lugar, porque ninguna constituye delito (rabia, pena, pica) y, en segundo, como lo he dicho tantas veces: “los pecados de los otros no te hacen santo”. Aquí, el único culpable de haber caído en desgracia es el propio Vicepresidente.

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