La historia de las mujeres en el Nobel

En la historia de los premios Nobel, iniciada en 1901, solamente 44 de los 851 ganadores en las seis categorías (Física, Química, Literatura, Paz, Medicina y Economía) han sido mujeres. La primera en recibirlo fue la física nuclear polaca radicada en Francia, Marie Curie, en 1903. Curie fue también la única mujer, hasta hoy, que recibió un segundo premio Nobel, el de Química, en 1911.

Este año, que el Nobel de la Paz haya sido concedido a tres mujeres por su lucha no violenta por la igualdad de derechos entre los géneros, a favor de la paz y la democracia, fue, para mí y para todos los que creemos en la participación activa de las mujeres en el cambio de la sociedad, una grata sorpresa.

Como casi siempre ha ocurrido, la decisión suscitó este año reacciones adversas.  El premio del 2011 se quedó con la presidenta de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf, la activista liberiana Leymah Gbowee y la periodista yemení Tawakkul Karman. Según el primer ministro noruego, Jens Stoltenberg, “este premio es un tributo a todas las mujeres en el mundo y a su papel en los procesos de paz y reconciliación”.

Sirleaf, de 72 años, es la primera mujer que logró ser Jefa de Estado en el continente africano en un proceso democrático e intenta este martes la reelección. La activista Leymah Gbowee es reconocida por haber organizado a las mujeres en contra de la Guerra Civil que sufría su país.  Karman, la primera mujer árabe en recibir un premio Nobel, es una de las lideresas de la Primavera Árabe en Yemen y participa activamente en la lucha a favor de la democracia en su país y por los derechos de las mujeres. Karman es la presidenta de la organización Mujeres Periodistas sin Cadenas, un grupo que hace campaña por la libertad de prensa.

Precisamente en Taiz, una ciudad a 250 km de Saná, capital de Yemen, unas 40 mujeres resultaron heridas el domingo cuando se reunían para celebrar el galardón obtenido por  Tawakul Karman. Hombres del presidente Ali Abdallah Saleh, que como Muamar Gadafi se ha perpetuado en el poder, las atacaron con piedras, palos y botellas.

No es la primera vez en que la alegría que suscita el otorgamiento de un Premio Nobel de la Paz se ve enfrentada con la violencia de quienes no creen en los derechos humanos. Tontos. No se dan cuenta que lo único que logran con sus torpes ataques es sacarle más brillo al Premio.

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